martes, mayo 07, 2019

Los espárragos en el arte

Los espárragos blancos eran un artículo de lujo en el siglo XVII, posiblemente por ser un alimento poco calórico apropiado para gentes pudientes bien alimentadas. Figura mucho en bodegones, especialmente en los de Adriaen Coorte, que tenía una especial fijación por retratar manojos de espárragos como protagonistas exclusivos en sus cuadros.

Hoy a Adriaen Coorte le diagnosticarían una neurosis como la copa de un pino...
A partir de aquí vemos coincidir, reiteradamente, dos productos que coinciden por estar en plena temporada: espárragos y fresas

Es curioso como los espárragos frescos de Adriaen Coorte son exclusivamente blancos. Aunque se pueden percibir matices verdes y morados, habituales cuando un espárrago comienza a hacer la fotosíntesis por el sol, parece que lo aristocrático era comerlos cuanto más blancos mejor, al igual que sucedía con el pan.
 

viernes, mayo 03, 2019

El fascinante salmón del Bidasoa - Gastronomía Disidente

Por estas fechas, los salmones que nacieron en el río Bidasoa (Navarra), retornan de aguas del Mar del Norte, al lugar exacto donde nacieron. Su ciclo vital es una gesta en sí misma, pero los ríos donde se ha perpetuado durante milenios, se ha vuelto un lugar hostil, lleno de obstáculos, que les impiden poder remontar el Bidasoa.

Hemos perdido gran parte de este patrimonio, aunque se llevan a cabo proyectos para recuperar al salmón atlántico, no sólo a nivel biológico también la cultura culinaria que rodeaba a este salmón de que ya sólo se pueden capturar un número muy limitado de ejemplares.

Los salmones son fascinantes, no sólo por tener la capacidad de regresar a miles de kilómetros al lugar donde nacieron, sino por la tenacidad y el esfuerzo que dedican a remontar el río con saltos de hasta 4 mts de altura. Una fuerza misteriosa les impele a llegar, sin comer bocado desde que entran de nuevo al río, hasta su meta.

Como es tradición, el primer salmón capturado en estas fechas, se subasta hasta conseguir un precio desorbitado que permite que el salmón salte a las portadas de los periódicos. En 2019 ese primer salmón una hembra de 6,460 kg, 83 cm de largo y 180 mm de altura.

lunes, abril 29, 2019

Mamistegi Jatetxea - Donosti

La cabra tira al monte, pero si una va Donosti es inevitable hacerlo hacia al mar, sin duda la mejor estampa de la ciudad y todo un atractivo para los que somos de interior. Siempre es un acierto, por la gran oferta gastronómica, pero un buen amigo, de los que además tienen criterio culinario, Josema Azpeitia, me propuso descubrir un restaurante interesante en la zona alta de la ciudad.
Mamistegi es un lugar caprichoso, coqueto y sereno donde ejerce el cocinero Marcos Castro, a los mandos de una cocina que se rinde al producto de temporada, a la vez que apuesta por la tradición de las raciones pero con productos de calidad y con identidad, y donde las recetas se elaboran en clave conservadora con sutiles y elegantes notas de fusión y modernidad.
El local dispone de una propuesta culinaria de barra, con aperitivos, raciones y pintxos, que también se puede disfrutar en la terraza (interior o exterior), y de una sabrosa carta, además de dos menús gastronómicos que se degustan en un elegante comedor.
En nuestro caso, optamos por picar algunos de los platos que espontáneamente aparecen fuera de carta, por ser productos de temporada, como los guisantes lágrima con caldo de jamón y cebolla, o los boletus pinícola a la plancha con virutas de foie. Orbitando el clasicismo, un exquisito guiso de morros y callos, y un pulpo con panceta ibérica y una crema de berza y patata.
Me ha encantado encontrar en Mamistegi el equilibro perfecto entre la sobriedad y una cocina gustosa que se permite licencias contemporáneas muy bien dosificadas. Os recomiendo saliros de la ruta gastronómica habitual de Donosti y perderos por el barrio de Aiete en busca de este interesante restaurante.
Guisante lágrima con caldo de jamón, cebolla y mantequilla 

Guisante lágrima con caldo de jamón, cebolla y mantequilla 

Boletus pinícola a la plancha con virutas de foie

 Leirana Albariño Rías Baixas

Pulpo con panceta ibérica y una crema de berza y patata

Guímaro Finca Meixeman es un vino tinto de la D.O. Ribeira Sacra
Coupage de Mencía (80%) y distintas variedades autóctonas de la zona (Caíño, Sousón, Brancellao, Merenzao, Negreda, Garnacha y Mouratón)

Guiso de callos y morros



Embutidos ibéricos al corte

Salazones, embutidos al corte, y encurtidos

Vermú donostiarra...
Realmente es un Jumilla que juega con la identidad y la imagen vintage

Carta de picoteo de Mamistegi

Mamistegi Jatetxea
Oriamendi Pasalekua 14, Aiete
Donostia - San Sebastián
943311570

martes, febrero 26, 2019

Las sobras y la sostenibilidad: ¿Los cerdos convertidos en mascotas y nosotros en porcinos?

La gran preocupación creada por la necesidad de ser sostenibles, plantea actualmente la reutilización de excedentes y sobras de comida, así como dar una segunda oportunidad, en mercados de descuento, a productos a punto de caducar.

Una idea que pretende racionalizar el consumo para que sea más justo, eficiente y rentable, no sólo en nuestro propio beneficio sino también en el del planeta. De esta forma, muchos creen contribuir, de forma cooperativa, a que el progreso humano pueda continuar, de modo que se garantice el futuro de los recursos para próximas generaciones.

Existen voces discordantes que plantean que, el concepto de Desarrollo Sostenible, es un oxymoron como la copa de un pino, un discurso artificial con ínfulas antropocéntricas y una forma infantil e irresponsable de creer que se soluciona el problema, cuando realmente aumenta sin que asumamos nuestra responsabilidad como especie.
¿Hay una obsesión por ser sostenibles a la hora de comer?
De los peligros que entraña creer en la eficacia del desarrollo sostenible y de mirar al otro lado ante la incómoda pregunta que plantea la descontrolada sobrepoblación humana, habla este interesante artículo escrito cuatro años antes de la firma del Protocolo de Kioto, en el año 1997, y muchos antes de que una plataforma popular pidiese a la RAE incorporar el término sostenibilidad, que hasta entonces no existía, al diccionario. Sostenible fue definida por la RAE en 2009, en estos términos: “En ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”.

La obsesión por ser sostenibles se ha materializado con muchas campañas, entre las más ambiciosas están las que promueven reutilizar sobras de comida e intentar que generemos cero residuos. Los planteamientos, a priori, son tan fáciles y ventajosos, que resultaría absurdo no querer tener una casa que genere cero residuos y que además te ayude a ahorrar dinero. Parece que, por fin, la generación más preparada y con más recursos de la historia de la humanidad, ha dado con la clave para vivir en armonía con el planeta para siempre jamás… comer sobras.

Nuestros antepasados tenía muy claro el concepto de ecología.
Tendemos a pensar que el progreso nos lleva a un escenario mejor y, por extensión, la siguiente generación está más espabilada que la anterior. Pero si echamos la vista atrás con esto del reciclado de restos orgánicos, veremos que nuestros antepasados, gente que pasó hambre dicho sea de paso, tenían muy claros el concepto de ecología. Antiguamente era costumbre que las familias comprasen y criasen un cerdo que se alimentaba de los restos orgánicos que pudiera generar la familia y de lo que el bicho pudiera encontrar en su entorno, ya que el cerdo come prácticamente de todo.
Un sistema de reciclaje que convertía las sobras de nuevo en comida cuando, unos diez meses después de la adquisición, el cerdo acababa convertido en embutidos y chacinas que durarían varios meses. En realidad, los recursos siempre se han utilizado desde una visión ecológica. Los primeros animales que se domesticaron fueron precisamente aquellos que transformaban en comida lo que a los humanos no alimenta, la hierba. Ovejas, cabras y vacas son capaces de transformar la celulosa de la hierba en leche, carne, lana y pieles, pero además son animales que no compiten por los mismos recursos que los humanos, por eso nos llevan acompañando desde la Antigüedad.

Los cerdos convertidos en mascotas y nosotros en porcinos
Por lo que parece, el nuevo modelo lo que plantea es que seamos nosotros los humanos los que reciclemos gástricamente los residuos que generamos, comiendo las mondas de las patatas por ejemplo, lo que vendría a suponer asumir el rol que nuestros amigos porcinos cumplían en otras épocas. Lo delirante es que, mientras tanto los cerdos se han convertido en mascotas con las que algunos comparten hogar, provocando este capricho alteraciones en el ecosistema como la aparición del cerdolí, aberración fruto del apareamiento de cerdos vietnamitas abandonados y jabalíes salvajes.
De hecho, la mayoría de los tabúes alimentarios impuestos por las diferentes religiones, tenía precisamente como objetivo la ecología, entendida como el equilibrio entre los humanos y su entorno. Según esa teoría, el antropólogo Marvin Harris plantea en su obra 'Bueno para comer', que la aversión al cerdo en Oriente Medio no viene dada por la triquinosis, parásito alimentario que desaparece al cocinar la carne del cerdo, sino por la poca viabilidad que la cría de ese animal tenía en la zona.

El motivo por el que no se crían cerdos en muchos lugares.
El cerdo es un animal que necesita mucha agua y sombras a su disposición para regular su deficiente sistema de refrigeración corporal, además estos pueblos eran nómadas y el cerdo no es un animal de pastoreo, pero sobre todo se trataba de una especie que competía con los recursos humanos, ya que los cerdos son omnívoros como nosotros y no rumian, por lo que no comen hierba. Por ese motivo los pueblos de esa zona del mundo crían otro tipo de animales que sí aprovechaban los pastos y que permiten ser pastoreados, como son cabras y ovejas.

Crear el suficiente rechazo contra este animal, supone asegurarse que nadie va a cometer la necedad de criar cerdos en una zona donde supone un desperdicio irrecuperable de recursos. Por contra, en zonas donde criarlos no supone un problema por la disponibilidad de recursos, como puede ser la dehesa extremeña dónde el cerdo come bellotas a placer, el cerdo toma una relevancia muy significativa y curiosamente también se vincula fervientemente a la religión. Cuando hace siglos era importante hacer notar que uno era cristiano, frente a la sospecha de ser judío o árabe, la exhibición de embutidos o incluso un hueso de jamón se convertía en la forma de avalar la fe en Cristo.
Antes la grasa popular era la manteca, ahora el aceite de oliva.
El cerdo ha sido un gran compañero de viaje en la gastronomía española y en ocasiones no se le reconoce su gran capacidad transformadora, sobre todo ahora que nos hemos convencido que nuestra grasa culturalmente preferida es el aceite de oliva, cuando siempre ha sido la manteca de cerdo, mucho más barata y fácil de conseguir en otras épocas. La manteca se usaba a diario de forma generalizada y era en la época de Cuaresma cuando el aceite de oliva tomaba especial protagonismo.

Y digo yo, ¿no sería mejor volver a tener un gorrino en casa, que convencernos de que somos nosotros los que tenemos que comer como cerdos lo que antes llamábamos desperdicios?

domingo, febrero 03, 2019

Cobrar un suplemento por adaptar comida a veganos, celíacos y alérgicos


Hace unos días se ponía en contacto conmigo un restaurante gallego para contarme la idea que tienen prevista poner en marcha para solucionar el grave problema de gestión que supone adaptar su carta a los caprichos dietéticos de su público. Su propuesta consiste en cobrar una serie de suplementos, hasta de 10€, por adaptar sus platos a los problemas personales y particulares que plantee el cliente. No importa cuán legítima le resulte al comensal la exigencia de que le quiten el ajo de esa salsa que se ha cocinado tres horas antes de llegar al plato, se ponga como se ponga se cobrará el tener que cocinar esa elaboración exclusiva para él.

De esta forma, creen que muchas de esas falsas alergias, fobias y caprichos alimentarios que se trasladan a la cocina en forma de demanda insolente, desaparecerán al crearse la incomodidad de pagar un suplemento.

Ni que decir tiene que este sistema de cobro de suplemento por adaptación del plato es totalmente legal y legítimo, ya que ningún cocinero o restaurante tiene la obligación de servir lo que le exija un cliente. Algo sencillo de entender si trasladamos el ejemplo a la pretensión de exigir que nos sirvan carne o pescado en un restaurante vegano. ¿Por qué se entiende que un restaurante vegano decide qué servir y qué no, y el resto de restaurantes han de ser completamente sumisos a las imposiciones de posibles clientes?

De hecho, cualquier persona con una enfermedad real y que sea realista (un enfermo responsable, vamos), sabrá que es muy complicado controlar la contaminación cruzada y que, ante la posibilidad de enfermar, es mejor no arriesgarse. Pero para otros la cuestión pasa más por tener razón e imponer unos supuestos derechos, que realmente velar por su salud.  

Como sé que el artículo va a desatar la histeria de un montón de neuróticos, os voy a dejar dicho aquí que opinión tengo de vosotros y vuestras pedradas, para que os quede claro y no tenga que repetirlo a todas horas, porque además de “enfermos” sois muy pesados.

Las patologías que podáis tener, o que os hayáis podido inventar, son exclusivamente vuestro problema. Repito, vuestra enfermedad real o mental es única y exclusivamente vuestro problema. Eso de la empatía que os habéis inventado para exigir de manera impertinente, y supuestamente legítima, vuestras absurdas reivindicaciones, no es un concepto que se pueda reclamar por ley. El que quiera trataros con deferencia lo hará porque quiere, lo mismo que el hostelero que decida que no sois su público.

De hecho, son vuestras enfermedades postmodernas las que han venido exigiendo un tratamiento que nunca jamás ningún otro enfermo se ha atrevido a demandar. Ni hemofílicos, ni hipertensos, ni diabéticos, ni nadie jamás hasta ahora ha obligado y amenazado a un cocinero a que le cocine adaptado a su patología. Si algo no estaba recomendado comer, no se comía y listo. No se reclamaba una adaptación (imposible muchas veces) que produjese el mismo placer pero ningún perjuicio a esa persona enferma.

Asumid de una vez que la responsabilidad de lo que coméis no recae en los demás. Creced y dejar de comportaros como críos imprudentes y caprichosos, haceros cargo de vuestros problemas (si es que son reales) y dejad a los hosteleros que hagan en sus negocios su santa voluntad sin que los chantajeéis, coaccionéis o amenacéis. No son admisibles argumentos como que “mi mujer ha tenido tres shocks anafilácticos y sufre muchísimo cuando va a un restaurante, porque puede morir en cualquier momento”. Pues NO VAYAS, COÑO! Prefieres que vaya, atosigar al cocinero, hacerle pasar un mal rato en el servicio adaptando el plato y sufriendo para que la tipa no se le muera en su local, y sobre todo tener la puta razón si le da una reacción alérgica.

Luego yo soy la mala persona por pensar que estáis encantados con tener una mujer con alergias mortales para hacerlos los interesantes e ir dando voces llamando la atención por la vida. De hecho, soy de la opinión de que deberían invitaros a abandonar cualquier restaurante donde sirvan ese ingrediente que le provoca una reacción tan virulenta, antes de que provoquéis un homicidio.

Por cierto, la hostería ya ha descubierto que ese chantaje que usáis de forma reiterada, que consiste en que con que haya un celiacomaniaco en un grupo de comensales, abandonáis todos el restaurante donde no le adapten la comida, ¡es mentira! También vuestros amigos normales están hasta la peineta de vosotros y pasan vergüenza ajena cuando os ponéis intratables e impertinentes en un restaurante exigiendo respeto por una celiaquía, que desaparece con la torrija del postre.

Le deseo mucho éxito al restaurante que pondrá en marcha esta iniciativa y espero que muchos otros establecimientos se animen a poner en práctica esta idea.

(No os voy a contestar a nada de lo que me digáis por redes, a pesar de que sé que os coordinaréis para acosarme, insultarme, amenazarme y escrachearme, porque es así como camináis por la vida… Pero os perdono porque sé que esas enfermedades, lo mismo que os provocan trastornos físicos, os vuelven mezquinos, vengativos y malas personas, pero no es culpa vuestra. Vosotros no lo habéis buscado, pobretes...).


sábado, enero 26, 2019

Restaurante Verduarte - Baluarte (Pamplona)

Ya no me aguantaba más las ganas y, aunque no disponía de tiempo para disfrutar del menú degustación completo (lujo que me reservo para un tranquilo sábado a mediodía), ayer me acerqué a comer al recién inaugurado Restaurante Verduarte.


Con las verduras como argumento culinario, se ofrecen dos alternativas que permiten recrearse en lo gastronómico con platos que van cambiando constantemente para adaptarse a la huerta de proximidad y los productos que ofrece en cada estación. 

Verduras que viajan a diario desde la Ribera de Navarra hasta Pamplona, para transformarse en menestras, salteados, guisos, cremas y braseados.

La propuesta de Nacho Gómara, jefe de cocina de Verduarte, apuesta por una puesta en escena a la vista del cliente, haciéndole partícipe del origen del producto y cómo se ha elaborado para conseguir el mejor resultado culinario posible. 

Mi opción fue el menú ejecutivo que ofrece un aperitivo, entrante, principal y postre por 29€ IVA incluido, aunque con algunos cambios que me ofrecieron y acepté. 
Brócoli con presa ibérica con cous cous de coliflor

Crema montada de calabaza cacahuete a la naranja, con aromas de cardamomo y azahar

Crema montada de calabaza cacahuete a la naranja, con aromas de cardamomo y azahar
Wok de verduras ecológicas con langostinos salvajes al teriyaki
Wok de verduras ecológicas con langostinos salvajes al teriyaki

Borrajas con patata cascada y lascas de lubina salvaje a la sal 
Teja de Cascante con queso y frutos del Moncayo,
aromatizados con especias, balsámicos y aromas cítricos
Además de la restauración, se ofrece la posibilidad de comprar las verduras que sirven en el restaurante envasadas al vacío y listas para degustar

Restaurante Verduarte 
Palacio de Congresos Baluarte
Pamplona (Navarra)

Menús: Ejecutivo y Degustación
Horarios: De martes a domingo de 13:00 a 17:00 horas 
(Cenas, para grupos y previa reserva)
Reservas y más información: 948 06 60 56 o reservas@verduarte.com 
Es imprescindible reservar

viernes, enero 25, 2019

Devolver los Cascos 2.0 - Sistema LOOP


Vuelven los envases retornables de la mano de Loop. Un sistema de recipientes reutilizables que, hibridados con un sistema de reparto a domicilio, pretenden acabar de forma definitiva con los envases de plástico y la contaminación que producen.

En los últimos tiempos nos invade, como si fuese una enfermedad viral, un estado de consciencia ecológica en tal grado de plenitud, que parece como si nunca hasta hoy hubiésemos prestado atención a los problemas que nos rodean. De pronto hemos caído en la cuenta de cuál mezquina e irresponsable es nuestra actitud respecto a nuestro entorno.

Como una venda de la que nunca hemos sido conscientes, que se cae de los ojos y nos transforma, o intenta hacerlo a toda costa, a la vez que nos invita a predicar el mensaje de la nueva consciencia, y a tener actitudes beligerantes con aquellos que osen cuestionar algo tan aparentemente sensato, inteligente y empático, como es el hecho de reciclar.
Una actitud moral que sirve de moneda social, ya que el compromiso no sólo requiere activismo sino una cierta dosis de implicación que nos convierta además en profetas que colaboren en implicar a otros en esta filosofía de vida. Un movimiento sumamente burocratizado y mínimamente cuestionado, que no suele dejar margen de acción al consumidor al que prácticamente se criminaliza por el desastre del uso de plásticos, cuando él siempre ha sido colaborador en su actitud y no ha tenido opciones para elegir qué tipo de envases adquirir o rechazar.
Acompañando a esta actitud postmodernista, han aparecido infinidad de proyectos que han intentado poner algo de cordura a un sistema de desechos que nunca ha terminado de ser del todo eficaz. Todos ellos se diferencian por ser modelos contemporáneos y rupturistas con todo aquello del pasado que significa contaminación, actitud irresponsable y la mencionada falta de conciencia respecto al medio ambiente.

Cuando lo moderno significa rechazar todo lo que se venía haciendo hasta ahora, se dejan de lado ideas tan exitosas y eficaces como el antiguo sistema de retorno de cascos (tal y como se le conoce en España). Mientras, en aras de la innovación, se han venido usando nuevas ideas como el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), que en la práctica son unas máquinas que a modo de cajero automático, recoge los envases de plástico y a cambio ofrece un pequeño importe económico que, en muchos casos, se canjea por dinero en efectivo, entradas de cine o productos similares.
En mi localidad, Pamplona, se hizo una experiencia piloto allá por 2012, instalando una de estas máquinas en un punto céntrico de la ciudad. El éxito fue tal que se decidió quitar la máquina. ¿Absurdo? Por supuesto, pero la idea era que se pretendía sensibilizar al consumidor para que tuviese una actitud más sostenible y el objetivo se había conseguido. Lo que no se comenta es lo antiestético que resultan las largas colas de contribuidores ataviados con grandes bolsas de envases plásticos. Una escena un tanto paupérrima que resta elegancia a un acto tan filantrópico y que se suma a cierto descontento del sistema SDDR al que se le acusa de ser un falso retorno del casco y de encarecer la cesta de la compra.

Lo misterioso de todo esto es que se siga insistiendo en nuevos modelos cuando no queda tan lejos, los que andamos por los cuarenta lo hemos vivido en primera persona, se retornaban los cascos (botellas de vidrio) sin la más mínima de las molestias. Para los que no conozcan el sistema, era tan simple como que al precio del producto había que sumarle el precio de la botella, que bien podía pagarse en metálico o bien intercambiarse por otro casco. Esto daba pie a que, con algo de ingenio, siendo crío te sacases unas pelas en fiestas recogiendo botellas en las campas donde se habían hecho calderetes, para llevarlas después a la tienda y cobrarte tu pequeño “sueldo”.
Parece que por fin alguien ha decidido hacer uso de la sensatez y dejarse de ideas peregrinas que funcionan básicamente a base de subvención. Como no, ha tenido que ser la industria la que ha puesto orden y retomado la idea de los envases retornables. El proyecto se llama Loop y propone una idea tan sencilla como repartir ciertos productos de empresas asociadas en envases duraderos, fundamentalmente de metal. Un ejemplo gráfico sería una de las tarrinas de helado de Häagen-Dazs que, en vez de ir en el clásico envase de cartón con tapa de plástico, se entregaría en un envase metálico convenientemente serigrafiado con toda la información del producto. En el vídeo se puede ver el procedimiento completo de compra, junto a otros productos de Loop, que implica obligatoriamente el uso del delivery.
La idea es que poco a poco las empresas se decidan a rediseñar sus productos para que puedan ser reutilizados, generando apenas residuos. Algunos de ellos, han apostado por un diseño caprichoso y mucho más estético de lo que sería la versión tradicional en plástico, como puede verse en las fotos. De momento, serán grandes multinacionales como Procter&Gamble, Unilever, Nestlé, PepsiCo, Danone, Mars Petcare o Mondelēz las que liderarán este proyecto.
Loop, que se ha convertido ya en la resurrección de la imagen del antiguo repartidor de leche estadounidense, estará en marcha a lo largo de la primavera de este año en New York y París, con planes de expandirse a lo largo del año a Londres y Toronto, y a Tokio y San Francisco en 2020.

viernes, enero 04, 2019

Celeste Crianza, el mapa estelar de los Orígenes

Celeste Crianza
Siempre han estado ahí, inmutables al paso del tiempo, a nuestras alegrías y nuestras desdichas. Son el testigo mudo de nuestra historia, pero ya sólo las vemos cuando las buscamos para que formen parte del decorado de uno de nuestros momentos especiales. Cuánto mejor queda para el recuerdo un primer beso bajo las estrellas, que bajo un manto de oscuras nubes. Pero la mayoría de nuestros momentos no requieren estrellas y apenas las miramos, mucho menos con atención.

Buscamos en ellas nuestro destino y respuestas a las dudas existenciales que nos acompañan a cada uno, pero hemos perdido el don de descifrarlas porque hemos olvidado cómo formular la pregunta adecuada. El mensaje oculto en las estrellas no sirve para solucionar los dilemas personales, por más que nos empeñemos desde nuestro egocentrismo, allí no está la hoja de ruta vital de cada ser.

Pero observando con atención las estrellas, encontraremos la ruta vital de la Humanidad, la historia de nuestros antepasados, sus miedos, sus logros y, sobre todo, su infinita perseverancia. Resulta sobrecogedor imaginar la relación de aquellas primeras estirpes de seres humanos con los astros del firmamento, la intensidad con la que necesitaban encontrar respuestas que les permitieran controlar un entorno sumamente hostil. Pero más conmovedor resulta saber que lo consiguieron, que dominaron con observación e inteligencia los elementos que les permitirían prosperar y regalarnos su valioso legado.

¿Cuántos de nuestros antepasados habrían dedicado su vida a la observación diaria y obsesiva de los astros, como para saber qué foto concreta tiene el firmamento el que se supone podría ser el mejor día para plantar o recolectar? Un trabajo laborioso, reflexivo y colaborativo que trasformó el mapa estelar en una valiosísima herramienta que permitió el desarrollo de la agricultura y la ganadera, que a su vez propició, una vez nuestros ancestros pudieron garantizar el alimento, el desarrollo de ciencias y artes.

La disposición concreta de las estrellas ya no es estrictamente necesaria para saber dónde se encuadra el momento idóneo para la vendimia. Por suerte, el aporte tecnológico de las siguientes generaciones de humanos nos facilita una fiabilidad mayor, pero el peaje ha sido que hemos convertido a las estrellas en parte del decorado. Las estrellas siguen estando allí, invitándonos a la trascendencia a través del recuerdo de gentes que se esforzaron para dar lo mejor para la siguiente generación, antepasados cuya cosmovisión nos resultaría muy posiblemente impactante y estresante, pero que dejaron su herencia escrita en las estrellas.

Qué interesante sería compartir una copa con las gentes que cultivaron aquellos primeros vinos. Quizás nos contasen cómo para ellos el vino era  un exclusivo catalizador para entrar en contacto con divinidades como Gugalanna, la diosa sumeria del vino a la que venían al mirar al cielo simbolizada a través de la constelación de Tauro. Testigo que después recogería Baco, deidad cuyos cuidados infantiles fue confiados a las Híades, ninfas hacedoras de la lluvia que hoy perduran en el recuerdo cristalizadas como una nebulosa de estrellas dentro de la constelación de Tauro.

Celeste Crianza sería el vino perfecto para honrar con un sentido brindis a todos aquellos ancestrales observadores de estrellas que con tanto esfuerzo tradujeron su mensaje.