Decidí dejarme llevar por las sugerencias del crítico por excelencia de la República Checa, Pavel Maurer, que anualmente elabora una lista con los 10 y los 100 mejores restaurantes del país. Mi selección fue el Restaurante V Zátiší del cocinero Milan Horejs, y noveno de la lista. Su perfil gastronómico; cocina checa-fusión. Quizás no sea muy justo incidir que, entre la fusión y la confusión culinaria, hay tan sólo una delgada y peligrosa línea divisoria, más que nada porque hablamos de una cocina que, muy posiblemente, se encuentre en un incipiente estado de gestación. El recorrido evolutivo de la cocina moderna checa es corto, y está demasiado ligado al recetario francés todavía, como para emitir un juicio negativo.
Un menú degustación me pareció la forma más acertada de poder valorar la cocina de V Zátiší. Sorprende que entre los tres menús degustación que se ofrecen, aparezca uno formado por platos íntegramente hindúes. Los precios de este tipo de restaurantes son altos, mucho más si lo comparamos con lo barato que resulta cualquier otro local de Praga, y los vinos son escandalosamente caros. El menú ronda las 1.400 coronas checas (czk) unos 60€, una copa de vino unas 200 czk (más de 8€), y una botella, de las más económicas de la carta, 1500 czk. Me atreví a tomar una copa de riesling checo, que a pesar de estar servido a una temperatura totalmente inapropiada, dejaba buena impresión de mi breve relación con los vinos estatales.
Estas fotos corresponden a dos de los menús degustación: Bohemio y Fusión Checa
Guiños a otras cocinas en el aperitivo, a base de pan naan y un chupito de gazpacho.

Siguiendo el ritual de la mesa checa, comenzamos con una sopa, en su versión sofisticada, a base de boletus edulis, patata, eneldo y crema de trufa.





Siguiendo el ritual de la mesa checa, comenzamos con una sopa, en su versión sofisticada, a base de boletus edulis, patata, eneldo y crema de trufa.
Un sashimi de atún con setas enokis, ensalada de pepino y mayonesa de wasabi, era el guiño nipón del menú.
Risotto de trigo tierno con pichón, para rozar la cocina italiana que tanto éxito tiene en Praga.
Foie fresco a la plancha sobre brioche, con peras confitadas con romero.
Lomo de lucio con pak choi, crema de patata y salsa de riesling.
Lubina con verduras, salsa de romero y limón.
Confit de pato crujiente con col lombarda cocida, knedlíky y salsa de comino, un plato típicamente checo.
Chuletas de cordero con cobertura crujiente de pistachos y mostaza violeta.
Y de postres, una creme brulée con fresas y galleta de mantequilla.

Y una exquisita tartaleta de ruibarbo con manzana, acompañada de su helado.
A medio camino entre la gastronomía más popular y la moderna, se pueden encontrar algunas alternativas interesantes. En el la Casa Municipal de Praga se encuentra uno de los restaurantes más elegantes (desde la perspectiva más conservadora) de la ciudad, el Francouzská. Su carta es cara, pero a medio día se puede disfrutar de un menú a base de entrante, principal y postre, por 490 czk. Un precio más que razonable teniendo en cuenta el incomparable marco del que podemos disfrutar. No obstante, situado justo debajo, está la versión proletaria del restaurante, donde podemos comer platos típicos a precios convencionales.
A pesar de lo que pueda parecer, comer bien en el centro de Praga, aun teniendo en cuenta lo tremendamente turístico que es, no es difícil. Todos los locales ofrecen una carta muy similar, y por lo general la cocina es buena. En algunos de ellos encontraréis las cartas ilustradas con fotografías, que os pueden servir para tener más claro lo que estáis pidiendo. Estos son tres de los sitios donde tuve oportunidad de comer, y que os recomiendo visitar.
Krčma – C/ Kostečna 4 (Praga)
Estos son algunos de los platos que probé y que os recomiendo no perderos en vuestra visita a la República Checa:
Otra opción muy interesante para comer algo rápido en cualquier momento del día, son los chlebíčky, que podríamos catalogar como las tapas checas. Se trata de locales donde únicamente se sirven estos pequeños bocados, que se cogen para llevar o se comen allí mismo de pie en alguna de sus altas mesas. La variedad de los chlebíčky es casi infinita, y además son muy baratos. Básicamente se trata de una rebanada de pan sobre la que ponen una gran variedad de ensaladillas, embutidos, huevas de pescado, quesos, verduras… En los chlebíčky encontraremos casi exclusivamente público checo, ya que para ellos es un formato culinario por el que sienten debilidad desde que se instauró en la época comunista. En días especiales como Noche Buena, en la que se cena tradicionalmente trucha o carpa con ensaladilla, para comer se prepara en las casas un pequeño buffet a base de estos chlebíčky.