viernes, septiembre 23, 2011

Praga en cuatro bocados - Gastronomía Popular

Esta es la primera parte de una serie de crónicas que van a relatar la breve, pero intensa escapada que, hace unas semanas, hice Praga. Algo más de tres días, en los que tuve la posibilidad de conocer todos los detalles de la cocina checa. Con la ayuda de Jitka Jirátová, la guía personal que me acompañó durante mi visita, pude profundizar en el carisma de la gastronomía local, descubrir sus peculiaridades, y reunir el máximo de experiencias culinarias que puede ofrecer una ciudad como Praga. Este primer capítulo está dedicado con todo mi cariño, por ser tan gran persona, y admiración, por su profesionalidad, a Jitka. Sin tu entregada colaboración no hubiese sido posible, gracias krásný!

La gastronomía checa se puede definir categóricamente como tradicional. Las populares tabernas, cervecerías y cafés, forman la mayor parte de la oferta culinaria, y los restaurantes gastronómicos apenas llegan a la media docena. Si lo que buscamos es la cocina más genuina, no tardaremos demasiado en encontrarla, y por regla general, muy bien cocinada. Pero si lo que buscamos es el pequeño reducto de cocina sofisticada, encontraremos constantes reflejos de la cocina francesa más clásica.

Contundencia es la característica que mejor define a los platos checos: sopas variadas de vegetales, enriquecidas con carne, queso o embutidos, seguido de un plato de carne (ternera, cerdo o pato), que suele flotar sobre una brillante y sabrosa salsa de carne, y puede ir ilustrada con diferentes guarniciones, como; knedlíky (un pan cocido en agua o al vapor), nata montada con salsa de arándanos (brusinka), patatas fritas o verduras. La relación de los checos con el mundo dulce es un tanto curiosa. Sus postres, tan rotundos como el resto de platos, no se limitan a cerrar una comida, sino que pueden ser el plato en exclusiva. Para un checo tomar como único plato de una comida, un trozo de jablková žemlovka (pudding de pan, manzana, requesón y pasas), es algo de lo más cotidiano.
A pesar de lo que pueda parecer, comer bien en el centro de Praga, aun teniendo en cuenta lo tremendamente turístico que es, no es difícil. Todos los locales ofrecen una carta muy similar, y por lo general la cocina es buena. En algunos de ellos encontraréis las cartas ilustradas con fotografías, que os pueden servir para tener más claro lo que estáis pidiendo. Estos son tres de los sitios donde tuve oportunidad de comer, y que os recomiendo visitar.
Krčma – C/ Kostečna 4 (Praga)
Staroměstská Restaurace – Plaza Staromestske namesti 19 (Praga)
Lokál – C/ Dlouhá 33 (Praga)Estos son algunos de los platos que probé y que os recomiendo no perderos en vuestra visita a la República Checa:

Lengua de vaca ahumada con rábano picante. Un plato muy interesante por su textura y el agradable toque ahumado.
Quesos fritos de Olomouc
El solomillo de cerdo o ternera con salsa de crema y arándanos
El beef tartar
Jamón de Praga
Cerdo asado con chucrut, knedlíky y salsa de carne
Queso frito eidam con salsa tártara
Sopa, puede ser de patatas, cebolla o goulash, servida en hogaza de pan. Lo encontraréis con bajo este nombre “bramborova polevka servirovana v chlebu”. A pesar de todos los intentos que hice por probarla, finalmente no tuve oportunidad, y es una de las pequeñas frustraciones gastronómicas que me traje de Praga.Otra opción muy interesante para comer algo rápido en cualquier momento del día, son los chlebíčky, que podríamos catalogar como las tapas checas. Se trata de locales donde únicamente se sirven estos pequeños bocados, que se cogen para llevar o se comen allí mismo de pie en alguna de sus altas mesas. La variedad de los chlebíčky es casi infinita, y además son muy baratos. Básicamente se trata de una rebanada de pan sobre la que ponen una gran variedad de ensaladillas, embutidos, huevas de pescado, quesos, verduras… En los chlebíčky encontraremos casi exclusivamente público checo, ya que para ellos es un formato culinario por el que sienten debilidad desde que se instauró en la época comunista. En días especiales como Noche Buena, en la que se cena tradicionalmente trucha o carpa con ensaladilla, para comer se prepara en las casas un pequeño buffet a base de estos chlebíčky.

Paseando por Praga encontraremos a las salchichas en su formato más expres. Puestos callejeros que ofrecen una gran variedad de suculentas salchichas de buena calidad por unos dos euros, que se sirven acompañadas, de forma casi indivisible, con chucrut.

Hubo una curiosidad que no pude satisfacer, y fue la de probar la cocina judía checa. El barrio judío de Praga ofrece la posibilidad de disfrutar de esta ritualizada forma de cocina, y también de comprar productos en la tienda koser.

Praga es una ciudad para pasearla y descubrirla tranquilamente, y si lo hacéis por el pasaje Světozor encontraréis la heladería de cabecera de los praguenses, Ovocný Světozor. Una experiencia fantástica es saborear un helado, mientras se descansa en los bucólicos jardines de Františkánská zahrada (Jardín Franciscano). Conseguirás sentirte totalmente al margen del bullicioso transito de la Plaza de San Wenceslao, situada en la calle paralela.


Si quieres saber más:
Praga en cuatro bocados - Gastronomía contemporánea
Praga en cuatro bocados - República Líquida
Praga en cuatro bocados - Mercados

4 comentarios:

Sweet 180° dijo...

Que crónica más completa, de delicia de descripciones y que suerte tener esa guía personal.

Cuando estuve en Praga fuí a visitar a un amigo local, y disfruté a tope la ciudad. Recuerdo un pato soberbio, en una zona muy bonita cerca de un teatro, pero los nombres ya se me olvidaron todos.
La cantidad de turismo es abrumadora.

Madreselva dijo...

Fantástico!!!Llevaré esta guia cuando vaya a Praga ahora en Diciembre.
Saludos desde Colombia

Capitán Rábano dijo...

Muy buena crónica.

Yo tengo dos recuerdos gastronómicos de Praga, uno es que probé el mejor goulash de mi vida en un restaurante popular dónde una anciana tipo Doña Rogelia debía aplicar la misma receta desde 1930, ¡impresionante!, lo malo es que me estuvo repitiendo durante horas y horas... no apto para estómagos delicados.

El otro recuerdo fue en el café que hay enfrente de la Opera, no recuerdo el nombre, pero no tiene pérdida, según el Trotamundos allí servían un delicioso cóctel de champagne y absenta... me mosqueó que ningún lugareño lo pidiese... era... visualmente atractivo y al paladar... ¡repugnante!, mejor cada cosa por separado.

Feliz Navidad!.

Jordi Castaño dijo...

Tenía guardada esta entrada desde que la publicaste, ya que Praga era uno de esos destinos que sabía que iban a caer.

Estuve unos días la pasada semana y tengo que agradecerte la fantástica crónica que hiciste en su día y que me fue de una gran ayuda para empezar a moverme (gastronómicamente hablando).

La he ampliado con un par de referencias más (muy buenas por cierto). Si quieres echar un vistazo (aunque está en catalán me consta que dominas nuestra lengua):

http://lacuinademindundi.blogspot.com.es/2013/07/praga-experiencies-gastronomiques.html

Muchas gracias y saludos!