jueves, septiembre 29, 2011

Praga en cuatro bocados - Gastronomía contemporánea

La gastronomía de autor checa se encuentra ahora mismo en un estado totalmente embrionario. Con unos pocos representantes de la alta cocina moderna, la oferta más elitista siempre tiene un marcado acento francés. Aunque la cocina italiana triunfa con furor, como alternativa a la reiterativa y tradicional cocina checa, la alta cocina parece estar en un profundo período de hibernación.

Decidí dejarme llevar por las sugerencias del crítico por excelencia de la República Checa, Pavel Maurer, que anualmente elabora una lista con los 10 y los 100 mejores restaurantes del país. Mi selección fue el Restaurante V Zátiší del cocinero Milan Horejs, y noveno de la lista. Su perfil gastronómico; cocina checa-fusión. Quizás no sea muy justo incidir que, entre la fusión y la confusión culinaria, hay tan sólo una delgada y peligrosa línea divisoria, más que nada porque hablamos de una cocina que, muy posiblemente, se encuentre en un incipiente estado de gestación. El recorrido evolutivo de la cocina moderna checa es corto, y está demasiado ligado al recetario francés todavía, como para emitir un juicio negativo.

Un menú degustación me pareció la forma más acertada de poder valorar la cocina de V Zátiší. Sorprende que entre los tres menús degustación que se ofrecen, aparezca uno formado por platos íntegramente hindúes. Los precios de este tipo de restaurantes son altos, mucho más si lo comparamos con lo barato que resulta cualquier otro local de Praga, y los vinos son escandalosamente caros. El menú ronda las 1.400 coronas checas (czk) unos 60€, una copa de vino unas 200 czk (más de 8€), y una botella, de las más económicas de la carta, 1500 czk. Me atreví a tomar una copa de riesling checo, que a pesar de estar servido a una temperatura totalmente inapropiada, dejaba buena impresión de mi breve relación con los vinos estatales.


Estas fotos corresponden a dos de los menús degustación: Bohemio y Fusión Checa

Guiños a otras cocinas en el aperitivo, a base de pan naan y un chupito de gazpacho.

Siguiendo el ritual de la mesa checa, comenzamos con una sopa, en su versión sofisticada, a base de boletus edulis, patata, eneldo y crema de trufa.

Un sashimi de atún con setas enokis, ensalada de pepino y mayonesa de wasabi, era el guiño nipón del menú.

Risotto de trigo tierno con pichón, para rozar la cocina italiana que tanto éxito tiene en Praga.

Foie fresco a la plancha sobre brioche, con peras confitadas con romero.

Lomo de lucio con pak choi, crema de patata y salsa de riesling.
Lubina con verduras, salsa de romero y limón.

Confit de pato crujiente con col lombarda cocida, knedlíky y salsa de comino, un plato típicamente checo.

Chuletas de cordero con cobertura crujiente de pistachos y mostaza violeta.

Y de postres, una creme brulée con fresas y galleta de mantequilla.

Y una exquisita tartaleta de ruibarbo con manzana, acompañada de su helado.

A medio camino entre la gastronomía más popular y la moderna, se pueden encontrar algunas alternativas interesantes. En el la Casa Municipal de Praga se encuentra uno de los restaurantes más elegantes (desde la perspectiva más conservadora) de la ciudad, el Francouzská. Su carta es cara, pero a medio día se puede disfrutar de un menú a base de entrante, principal y postre, por 490 czk. Un precio más que razonable teniendo en cuenta el incomparable marco del que podemos disfrutar. No obstante, situado justo debajo, está la versión proletaria del restaurante, donde podemos comer platos típicos a precios convencionales.

viernes, septiembre 23, 2011

Praga en cuatro bocados - Gastronomía Popular

Esta es la primera parte de una serie de crónicas que van a relatar la breve, pero intensa escapada que, hace unas semanas, hice Praga. Algo más de tres días, en los que tuve la posibilidad de conocer todos los detalles de la cocina checa. Con la ayuda de Jitka Jirátová, la guía personal que me acompañó durante mi visita, pude profundizar en el carisma de la gastronomía local, descubrir sus peculiaridades, y reunir el máximo de experiencias culinarias que puede ofrecer una ciudad como Praga. Este primer capítulo está dedicado con todo mi cariño, por ser tan gran persona, y admiración, por su profesionalidad, a Jitka. Sin tu entregada colaboración no hubiese sido posible, gracias krásný!

La gastronomía checa se puede definir categóricamente como tradicional. Las populares tabernas, cervecerías y cafés, forman la mayor parte de la oferta culinaria, y los restaurantes gastronómicos apenas llegan a la media docena. Si lo que buscamos es la cocina más genuina, no tardaremos demasiado en encontrarla, y por regla general, muy bien cocinada. Pero si lo que buscamos es el pequeño reducto de cocina sofisticada, encontraremos constantes reflejos de la cocina francesa más clásica.

Contundencia es la característica que mejor define a los platos checos: sopas variadas de vegetales, enriquecidas con carne, queso o embutidos, seguido de un plato de carne (ternera, cerdo o pato), que suele flotar sobre una brillante y sabrosa salsa de carne, y puede ir ilustrada con diferentes guarniciones, como; knedlíky (un pan cocido en agua o al vapor), nata montada con salsa de arándanos (brusinka), patatas fritas o verduras. La relación de los checos con el mundo dulce es un tanto curiosa. Sus postres, tan rotundos como el resto de platos, no se limitan a cerrar una comida, sino que pueden ser el plato en exclusiva. Para un checo tomar como único plato de una comida, un trozo de jablková žemlovka (pudding de pan, manzana, requesón y pasas), es algo de lo más cotidiano.
A pesar de lo que pueda parecer, comer bien en el centro de Praga, aun teniendo en cuenta lo tremendamente turístico que es, no es difícil. Todos los locales ofrecen una carta muy similar, y por lo general la cocina es buena. En algunos de ellos encontraréis las cartas ilustradas con fotografías, que os pueden servir para tener más claro lo que estáis pidiendo. Estos son tres de los sitios donde tuve oportunidad de comer, y que os recomiendo visitar.
Krčma – C/ Kostečna 4 (Praga)
Staroměstská Restaurace – Plaza Staromestske namesti 19 (Praga)
Lokál – C/ Dlouhá 33 (Praga)Estos son algunos de los platos que probé y que os recomiendo no perderos en vuestra visita a la República Checa:

Lengua de vaca ahumada con rábano picante. Un plato muy interesante por su textura y el agradable toque ahumado.
Quesos fritos de Olomouc
El solomillo de cerdo o ternera con salsa de crema y arándanos
El beef tartar
Jamón de Praga
Cerdo asado con chucrut, knedlíky y salsa de carne
Queso frito eidam con salsa tártara
Sopa, puede ser de patatas, cebolla o goulash, servida en hogaza de pan. Lo encontraréis con bajo este nombre “bramborova polevka servirovana v chlebu”. A pesar de todos los intentos que hice por probarla, finalmente no tuve oportunidad, y es una de las pequeñas frustraciones gastronómicas que me traje de Praga.Otra opción muy interesante para comer algo rápido en cualquier momento del día, son los chlebíčky, que podríamos catalogar como las tapas checas. Se trata de locales donde únicamente se sirven estos pequeños bocados, que se cogen para llevar o se comen allí mismo de pie en alguna de sus altas mesas. La variedad de los chlebíčky es casi infinita, y además son muy baratos. Básicamente se trata de una rebanada de pan sobre la que ponen una gran variedad de ensaladillas, embutidos, huevas de pescado, quesos, verduras… En los chlebíčky encontraremos casi exclusivamente público checo, ya que para ellos es un formato culinario por el que sienten debilidad desde que se instauró en la época comunista. En días especiales como Noche Buena, en la que se cena tradicionalmente trucha o carpa con ensaladilla, para comer se prepara en las casas un pequeño buffet a base de estos chlebíčky.

Paseando por Praga encontraremos a las salchichas en su formato más expres. Puestos callejeros que ofrecen una gran variedad de suculentas salchichas de buena calidad por unos dos euros, que se sirven acompañadas, de forma casi indivisible, con chucrut.

Hubo una curiosidad que no pude satisfacer, y fue la de probar la cocina judía checa. El barrio judío de Praga ofrece la posibilidad de disfrutar de esta ritualizada forma de cocina, y también de comprar productos en la tienda koser.

Praga es una ciudad para pasearla y descubrirla tranquilamente, y si lo hacéis por el pasaje Světozor encontraréis la heladería de cabecera de los praguenses, Ovocný Světozor. Una experiencia fantástica es saborear un helado, mientras se descansa en los bucólicos jardines de Františkánská zahrada (Jardín Franciscano). Conseguirás sentirte totalmente al margen del bullicioso transito de la Plaza de San Wenceslao, situada en la calle paralela.