La gastronomía se va de vacaciones por San Fermín

Pero durante nueve días, todo el mundo va a desearla y de eso, es de lo que se trata. En un ataque de promiscuidad, la ciudad acogerá a cientos de miles de forasteros, con los que participará de una intensa orgia de alcohol y diversión. Pamplona será todo lo golfa que prometió Ernest Hemingway, ese proxeneta con pinta de Papa Noel estival, y entre gemidos de placer, la gastronomía navarra sufrirá una crisis aguda de trastorno bipolar de la personalidad.
Durante estos días nuestra cocina sufre una regresión a la cocina de madre, a la veneración del almuercico, y a una alta ingesta de grasas, que protegerán el estómago y nos dejarán el hígado como el foie-gras. Ajoarriero, magras de jamón con tomate, huevos fritos con patatas, txistorra y panceta, y para los más afortunados, con una matriarca dedicada al avituallamiento gourmet, estofado de toro de lidia, pochas, gorrín asado, menestras y pimienticos rellenos. Estos son los platos que se pueden degustar en sociedades gastronómicas, peñas, algún restaurante honesto o en cocinas particulares, los únicos lugares donde se puede comer con cierta dignidad estos días.

En la jungla hostelera del centro de la ciudad, encontrar equilibro entre calidad y precio, se convierte en un deporte de riesgo, sobre todo si no formas parte de la masonería gastronómica de sociedades o peñas, que tiene la buena costumbre de cuidar de sus miembros, ofreciéndoles alimento y cobijo, en el refrescante subsuelo de la ciudad. Si practicamos la modalidad del poteo, nos encontraremos con los recurrentes “fritos”. Croquetas, tigres, jamón y queso, o la especialidad local, el frito de pimiento, son junto a rabas, banderillas y guildas, la oferta de la mayoría de los bares. Mucho cuidadito con lo que se pide y donde se pide, las sorpresas al pedir la cuenta pueden ser mayúsculas. La foto corresponde al atraco perpetrado el año pasado en el Bar Windsor, de la Plaza del Castillo, al pedir tres cachis de cerveza (750 ml.), un botellín de cerveza y 21 fritos variados… 107,50 €!!
Un fenómeno digno de estudio, son los repugnantes puestos ilegales y callejeros que surgen en las estrechas calles de lo viejo, que con nocturnidad y alevosía, entre meadas y vómitos, ofrecen bocadillos recién hechos de txistorra, tocino, lomo o lo que quiera Dios que ofrezcan. La higiene brilla por su ausencia y los productos que utilizan no ofrecen ningún tipo de garantía sanitaria. A pesar de todos los intentos llevados por el Ayto. estas ladillas gastronómicas están bien agarradas al pelo púbico de los Sanfermines.

Dentro de la aventura que supone comer bien en Sanfermines, recomiendo las rabas del Mesón de la Navarrería, el moscovita (frito de huevo cocido, queso emmental y jamón serrano) del Bar Temple, los pintxos del Baserri, y los bocadillos de tortilla de patata del Gaucho (además de sus fritos), o los de la carnicería de la calle Comedias. Para un buen almuerzo o para cenar de mantel, antes de los fuegos artificiales, El Café de Baluarte. Y si el presupuesto lo permite, los siempre infalibles restaurantes Rodero y Enekorri.

La gastronomía navarra se va nueve días de vacaciones. Y lo peor de todo, es que posiblemente, nadie la echará de menos.
¡Felices fiestas y gora San Fermín!
Programa de fiestas de San Fermín
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